El silencio es muy necesario cuando no sé que decir o lo que posiblemente diga sea mejor no decirlo. Enfrentarme al hecho de que se acaba un ciclo de tiempo colectivo y aprovecharlo para hacer un balance o simplemente felicitar la fiestas y desear un próspero o feliz año, podría valer por ser fórmulas que utilizo a veces y funcionan, ¿pero realmente las siento? aquí está el dilema y el primer meollo de la cuestión: ser veraz. Este lo sorteo con rapidez, porque a estas alturas me conformo con un intento sincero y ya el tiempo dirá.

Ahora cuando el año se acaba y las fuerzas de la vida está más retiradas es un buen momento para la reflexión si es que no hibernamos. Pues no, aunque es mi deseo inconsciente de todos los inviernos, no lo hago, aunque el frío limite mi actividad enormemente.

Precisamente este fin de año trae en lo personal una culminación de un paulatino giro sobre mí, hacia el interior. Me parecería preocupante si limitase o adormeciese mis percepciones del mundo, insensibilizándome al exterior, en mi torre.

La realidad es bien distinta, porque todo el bien y las cosas maravillosas que encuentro en el mundo, todo el mal y todas las atrocidades que encuentro en el mundo, habitan también en mi interior. La lucha por tanto, la guerra, no tiene tregua, y a cada instante tenemos que afirmar nuestra posición. De eso trataría la vida: mantener la posición.

Internet, lo único tangible de los sueños futuristas de la infancia, me permite asimismo, interactuar: amar, odiar, reír, llorar, alegrarme o sufrir..., en formato texto por cuestiones de seguridad, y también debo mantener mi posición.

Y ¿cómo determino mi posición? aquí está el segundo meollo de la cuestión: discernimiento. Necesito discernir la luz de la oscuridad, ¿el bien del mal, como siempre entonces?, pues creo que sí, y la mayor parte de las veces estoy solo en mis decisiones, como creo nos sucede a todos.

En todo momento tengo que resolver, al elegir cada palabra ahora mismo, al caminar, la charlar, al trabajar, ... decidiendo entre numerosas posibilidades. En mi mano están estas decisiones y realmente es mi único campo de batalla, el que requiere de toda mi fuerza y energía para actuar. Los escenarios lejanos aunque los siga con el rabillo del ojo les corresponden a otros, sus protagonistas.

Mis decisiones de hoy, muy correctas, en ocasiones con el paso del tiempo se me aparecen claramente como erradas, y entonces surge el tercer y último meollo de la cuestión que abordaré: rectificar. Reconducir mis pasos es la definitiva tarea y el mejor regalo que me puedo conceder. Me crié en una tradición de dominancia fatalista, en tanto en cuanto el error pesaba sobre nosotros como una losa por el resto de nuestros días. Es una tradición cruel la que no nos concede el alivio de la rectificación.

Es por todo esto que me gustaría terminar con una invocación para el nuevo año, para todos los que aquí lleguéis y para mí:

Dios padre y tus seres de luz ayudadme en todo momento a discernir en mis sueños, pensamientos y actos el camino de la luz.

Kruzul